miércoles, 20 de abril de 2016

AL OTRO EXTREMO DEL HILO ROJO

AL OTRO EXTREMO DEL HILO ROJO
Recientemente he iniciado junto a mi marido los trámites de la adopción y, más concretamente, de la adopción internacional. Estoy buscando a esa personita (o tal vez dos) unida a nosotros (a mí y a mi marido) por un fino hilo rojo, invisible a primera vista. Y mi búsqueda, nuestra búsqueda, se dirige a un lugar frío y lejano: Rusia.
La leyenda del hilo rojo, a la que hago referencia antes, es una leyenda de origen chino de la que existen varias versiones, pero todas parten de una misma consideración: existe un hilo rojo, invisible a primera vista, que determina el destino de las personas, uniéndolas con todos aquellos que van a ser importantes en su vida.
De entre todas las versiones, os cuento mi preferida:
Dice una leyenda china que cuando nace un niño el abuelo de la luna le ata un hilo rojo en la muñeca. Este hilo, invisible a simple vista,  une a ese niño con todas las personas que van a ser importantes a lo largo de su vida. El hilo puede enredarse o alargarse, pero nunca romperse y, antes o después, logra que esas personas a las que une se encuentren.



Yo nunca creí en las leyendas, ni en el destino; nunca he reenviado los whatsapp que recibo y que predicen grandes desgracias para aquél que rompa la cadena. Más bien soy de aquéllas personas que siempre han pensado que el destino lo forja uno mismo con las decisiones que toma cada día. Sin embargo hoy, para contar mi historia, recurro a una vieja leyenda china que habla de hilos invisibles, destinos… ¡quién lo hubiera imaginado!
Pues bien, recurro a esta leyenda por varios motivos. Por un lado, porque si bien las decisiones de cada día influyen en el destino de cada uno, todos encontramos unos límites, límites que  nosotros no podemos controlar; podemos minimizar los riesgos de las catástrofes naturales o reducir las posibilidades de sufrir una enfermedad… pero, ¿podemos asegurar que vamos a escapar de esos males? Sin duda, no. Así que, si bien es cierto que podemos incidir en el destino, no lo es menos que no todo podemos controlarlo. Por otro lado, recurro a esta leyenda porque si bien las leyendas no hay que creerlas a “pies juntillas”, al igual que ocurre con los refranes populares, muchas veces esconden una gran sabiduría o tienen un trasfondo profundo. Y el trasfondo de este proverbio sirve sin duda para explicar mi historia, al igual que ha servido para que otras madres adoptivas (en mi caso, futura madre adoptiva) puedan explicar la suya e incluso encontrar una razón a aquello que les ha sucedido.
Yo siempre tuve buena suerte en la vida y siempre fui consciente de ello; y utilizo el término suerte no como equivalente a azar o destino, sino como la consecución de aquéllos objetivos para los que había trabajado o por los que había luchado (y es que el esfuerzo no siempre supone el éxito)… pero mi suerte cambió hace unos cinco años, cuando comencé a sentir que la vida me negaba aquello que yo más anhelaba y para lo que sin duda estaba preparada; tener hijos y formar una familia feliz con ellos y mi marido.
Me casé ahora hace casi seis años y desde el principio pensamos en formar una familia… pero cometimos un error. Pensamos que estando ambos totalmente sanos, nada nos impediría lograr nuestro objetivo sin mucha demora. ¡Qué ingenios fuimos! A día de hoy, transcurrido un período largo de tiempo, seguimos a la espera de lograr ese objetivo, de culminar nuestro sueño como familia.
Durante estos años, esa infertilidad de origen desconocido (forma que los médicos tienen de decir que no tienen ni idea de lo que te pasa) me ha generado ansiedad, tristeza e incluso enfado conmigo misma y con el mundo. Situación a la que dos abortos calificados médicamente como mala suerte no contribuyeron a mejorar. ¿Por qué Dios o la naturaleza nos habían dotado de un carácter especial para relacionarnos con los niños o hacían que éstos despertasen en nosotros un instinto extremadamente fuerte de maternidad y paternidad si luego se nos negaba aquello que más deseábamos? 
Hoy contemplo todo aquello de un modo muy distinto; no se me ha negado la posibilidad de ser madre, ni a mi marido la de ser padre, sino que se nos reservó para lograr este objetivo una vía muy especial...LA ADOPCIÓN. Sé que muchos considerarán que ver la adopción como una vía especial es tan sólo una excusa o un consuelo para aquellos que no han logrado el anhelado hijo biológico, pero los que hemos iniciado este camino conocemos que la paternidad por adopción es distinta, no por ser menos válida sino porque, al menos al principio, está llena de obstáculos, y es preciso ese amor especial por los niños, un instinto maternal (o paternal) desbordante y una relación firme y con fuertes cimientos con tu pareja para poder superar todos los obstáculos que surgen en el camino y lograr que ese ser indefenso que aparece en los papeles como tu hijo sea, en efecto, tu hijo.
Para muchos la adopción no tiene más complicación que los papeles, la burocracia y la espera. Sin embargo, aquéllos que hemos comenzado este proceso somos conscientes de que la complejidad de la adopción no termina en el momento en que te ponen un bebé en los brazos (o un niño algo más mayor) y te dicen… es tuyo; ya puedes llevarlo a casa. Ese momento no es sino el comienzo de un largo camino lleno de obstáculos y del que ya tendré ocasión de hablar en otra entrada que culmina el día en que ese niño o niña que se te entrega sienta de verdad que sois sus padres.
En definitiva, hoy siento que cuando nací ese hilo rojo del que habla el proverbio chino me unía a un ser pequeño e indefenso (o tal vez varios, que es lo que deseo) y eso es lo que me ha llevado a iniciar esta andadura: la adopción internacional. 
Hace aproximadamente mes y medio presenté mi solicitud de adopción, manifestando mi voluntad de adoptar uno o dos niños de 0 a 3 años en Rusia, y fue en ese momento cuando empecé a desenredar ese hilo rojo, quitándole los nudos que me permitirán alcanzar ese sueño… ser madre.
Hace una semana comencé la formación para la idoneidad, conocí a otras parejas extraordinarias que han iniciado este camino y que, sin duda, me servirán de apoyo y guía en este proceso complicado, pero bello y a los que yo, desde estas letras, ofrezco también todo mi apoyo y cariño.
Hoy sé que adoptar es una manera maravillosa pero muy exigente de ser padres; los padres adoptantes no contamos desde el principio con el amor incondicional de nuestros hijos, sino que tenemos que trabajarlo. Yo, en mi caso, y como muchos de los que estamos en esta andadura, he optado por comenzar con ese trabajo desde antes incluso de tener a mi pequeñ@ conmigo (con suerte, en plural) y, desde el mismo día que presenté mi solicitud estoy preparándome para saber satisfacer esas necesidades especiales de mis futuros retoños.
Para prepararse para ese momento hay muchas vías y cada uno debemos seleccionar aquéllas que mejor se ajusten a nuestras necesidades y a las de nuestros pequeños retoños. Yo sólo puedo contaros aquéllas que he elegido: aprender nociones de ruso (para evitar que se sienta sólo e incomprendido a su llegada) y leer relatos, historias, estudios y libros tanto de otros padres adoptantes como de profesionales relacionados con el mundo de la adopción, para saber los problemas con que puedo encontrarme y cómo enfrentarme a ellos.
En fin, me despido ilusionada con esta andadura y prometiendo ir contando cada nudo de ese hilo rojo que deshago, cada tramo que he avanzado en dirección a mis pequeños, pero sin olvidar que el camino sólo finalizará el día que sus palabras mamá y papá no suenen vacías, sino que estén cargadas de significado.

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños

Un sueño, una esperanza...
Ellos, esos pequeñajos, que muchas noches al acostarse o durante cualquier otro rato de sus largos días, sueñan y se esperanzan con el calor de esos brazos, esa sonrisa, esas palabras, esa mirada...; les den seguridad, confianza, apoyo, cariño...

"Adoptar equivale a integrar en una familia a alguien que no pertenece a ella por razones de consanguinidad o descendencia, creando una relación de parentesco basada en el propio acto de la adopción"

Nosotros, los futuros padres, en estos momentos -fase preadoptiva- nos encontramos llenos de ilusión y vitalidad, viendo e imaginando a nuestro futuro hijo/a; diciéndonos a nosotros mismos, que todo ese amor que le vamos a dar, llevará a que los sentimientos de ese pequeñajo nos allanen el camino hacia la felicidad paterno-filial.
Nada mas lejos de la realidad. Todo lo que vayamos mirando antes de los cursos de preparación, y durante estos cursos; nos hace ver que tenemos que llegar muy preparados al día en que tengamos al pequeñajo en casa. Conocer todo tipo de problemas que nos pueden llegar y tener el máximo de herramientas para afrontarlos.

"Para ser adoptado, no ha de cumplir mas condiciones que la de haber nacido, sin haber llegado todavía a la emancipación"


Hemos de saber que los vínculos afectivos que los niños establecen con sus figuras de apego son una de las bases mas solidas de su desarrollo.

Cuando se permite a los niños establecer nuevos vínculos, los efectos de la separación anterior quedan mitigados, aunque toda ruptura afectiva conlleva una angustia emocional cuya intensidad y duración depende de factores como la edad, las experiencias de separaciones anteriores, las nuevas experiencias, etc.

"No puede adoptarse:
- A un descendiente.
- A un pariente en segundo grado de la linea colateral de consanguinidad o afinidad.
- A un pupilo por su tutor hasta que haya sido aprobada definitivamente la cuenta general justificada de la tutela"


Simplemente un ultimo detalle de esta mi primera entrada en este blog.

Quisiera contaros mi anécdota o pequeño detalle de futuro que tenemos todos los padres o madres grabados en nuestra mente de momento de felicidad al lado de nuestro hijo/a.

El pequeñajo y yo vestidos completamente de azul con sombrero y baston, bailando y cantando a su madre (después de haberlo ensayado) esta canción de barrio sesamo

En los pequeños detalles se encuentran las grandes satisfacciones de la vida.